30 de septiembre de 2009
Una tiorba
Al final de un día largo e intenso, sumergido en una poza de agua termal a más de 40º, que a duras penas soporto y nunca más de diez minutos. Después agua muy fría, para volver a un agua un poco menos caliente que la primera. Así unas tres veces, por la noche y al aire libre, con los ruidos de la ciudad cerca, en silencio. A veces con la cabeza sumergida, conteniendo la respiración. Parecido a cuando hoy hemos hecho fotos con los ojos tapados. Hasta perder la noción de las proporciones y algo de la orientación, aunque percibíamos mejor las gotas de lluvia en la piel y hasta los relieves del suelo. Siempre se pierde algo por el camino, o mucho, tengas los ojos abiertos o cerrados. Tras el baño, me volvían a la cabeza los sonidos de guitarra de una pieza que escuché hace pocos días en la radio. Y me acordé del concierto que Juan Carlos Rivera ofreció con guitarra y tiorba en la iglesia de Agüero. Era verano. Entonces busqué y compré una de sus grabaciones. Y hoy volví a escuchar esa música. Sonidos delicados y precisos como las alas de un insecto. No ha sido una mala jornada.
27 de septiembre de 2009
¡Pues son guapas, Agustín!
En el coche, por la noche y escuchando radío 2. De pronto aparece uno de los programas que prefiero: Juego de Espejos de Luis Suñén. Cada programa es un diálogo con una persona que vive cerca de la música aunque sin dedicarse a ella. Se escuchan las piezas que propone el invitado, y en los intervalos la conversación que mantiene con el presentador. Aprendo mucho de esas charlas.
El invitado de hoy es Agustín Gervás (que no sé quien es). Pero tiene una voz bonita. Y de pronto empieza a hablar de la belleza que puede tener una voz. Después relaciona músicas como la samba argentina (la Samba de Vargas) con música antigua española. Y habla del flamenco y de los cantes de ida y vuelta. Y luego dice que para él la música de Bach conecta con unas ganas inmensas de vivir, con algo pleno. Me gustan sus opiniones. Afirma que ese interés por la voz también lo desarrolla escuchando la radio, porque juega con las imágenes que puede haber detrás de esas voces. Y entonces es cuando afirma, divertido, que hay voces de mujeres en radio 2 a las que es mejor no conocer en persona, porque si son guapas se enamoraría de ellas... y cita dos o tres ejemplos, pero sobre todo la voz de Ana Vega Toscano.
Y entonces Luis Suñén, el presentador, le responde muy serio: ¡Pues son guapas, Agustín!, como advirtiéndole del peligro.
Escuché con todo mi interés hasta el final. Conozco esa voz de Ana Vega Toscano. Comparto el gusto de Agustín Gervás. Conocer a alguien solo por la voz es otra manera maravillosa de conocer, además sin límites. Es una gran construcción de la imaginación, como todo. Hasta ahora he preferido no ir a la web de R2 para ver como es esta presentadora, y creo que estupenda pianista.
¿Cuánto tiempo puede resistir uno solo con una voz?
El invitado de hoy es Agustín Gervás (que no sé quien es). Pero tiene una voz bonita. Y de pronto empieza a hablar de la belleza que puede tener una voz. Después relaciona músicas como la samba argentina (la Samba de Vargas) con música antigua española. Y habla del flamenco y de los cantes de ida y vuelta. Y luego dice que para él la música de Bach conecta con unas ganas inmensas de vivir, con algo pleno. Me gustan sus opiniones. Afirma que ese interés por la voz también lo desarrolla escuchando la radio, porque juega con las imágenes que puede haber detrás de esas voces. Y entonces es cuando afirma, divertido, que hay voces de mujeres en radio 2 a las que es mejor no conocer en persona, porque si son guapas se enamoraría de ellas... y cita dos o tres ejemplos, pero sobre todo la voz de Ana Vega Toscano.
Y entonces Luis Suñén, el presentador, le responde muy serio: ¡Pues son guapas, Agustín!, como advirtiéndole del peligro.
Escuché con todo mi interés hasta el final. Conozco esa voz de Ana Vega Toscano. Comparto el gusto de Agustín Gervás. Conocer a alguien solo por la voz es otra manera maravillosa de conocer, además sin límites. Es una gran construcción de la imaginación, como todo. Hasta ahora he preferido no ir a la web de R2 para ver como es esta presentadora, y creo que estupenda pianista.
¿Cuánto tiempo puede resistir uno solo con una voz?
22 de septiembre de 2009
Duración
Hay libros que necesito tener cerca. Por ejemplo Poema a la duración, de Peter Handke: No es a quien está en casa sino a quien va camino a casa a quien le llega la duración.
De ahí salió el título para una proyección de fotos: "Lugares que duran".
Y de la diferencia entre el instante, sin duración, y el presente que se extiende hacia atrás y hacia delante. Igual que los sonidos.
En los conciertos, cuando acaba una pieza, habría que dejar que el sonido durase todo el tiempo que hiciese falta antes de comenzar los aplausos. Siempre me pareció que los directores deberían ayudar con sus gestos a que la música no se terminase con el inicio del último sonido audible. Como espectador me gustaría esperar en silencio a que mi cuerpo dejase de sentir las imperceptibles líneas que lo cruzan, incluso cuando ya casi no se escucha nada.
De ahí salió el título para una proyección de fotos: "Lugares que duran".
Y de la diferencia entre el instante, sin duración, y el presente que se extiende hacia atrás y hacia delante. Igual que los sonidos.
En los conciertos, cuando acaba una pieza, habría que dejar que el sonido durase todo el tiempo que hiciese falta antes de comenzar los aplausos. Siempre me pareció que los directores deberían ayudar con sus gestos a que la música no se terminase con el inicio del último sonido audible. Como espectador me gustaría esperar en silencio a que mi cuerpo dejase de sentir las imperceptibles líneas que lo cruzan, incluso cuando ya casi no se escucha nada.
Un cambio en el blog
Al final he decidido hacer un cambio en la estructura del blog: suprimir las entradas de comentarios. El tiempo ha demostrado que apenas eran útiles para la comunicación, porque salvo alguna excepción, todos los diálogos que han surgido han ido directamente a mi correo electrónico. Debe haber razones de varios tipos para querer buscar esa privacidad que, por otro lado, comprendo y me gusta. Así que lo mejor es dejar que las entradas del blog encuentren su lugar sin apenas coletilla en su parte inferior.
17 de septiembre de 2009
La respiración, el aliento, los gestos
Escuchar la respiración del interprete, intuir sus gestos, el aliento de unos sonidos que salen de algún lugar entre el instrumento y el músico. Pequeños gestos que también son una huella y que por fortuna nadie ha borrado de la grabación.
Me gusta escuchar el aliento de Pau Casals en la grabación de su concierto en la Casa Blanca en 1961. Y también a Keith Jarreth en su Concierto de Colonia. Es la música que sigue a Nani Moretti mientras viaja en su vespa hasta el lugar en que murió Passolini. (Hace poco la escuché en un viaje largo en coche, cruzando una llanura en la que el termómetro marcaba 36º y en la que no había otra cosa que hacer más que conducir y escuchar la música y la respiración).
¿Un virus de la empatía funciona a larga distancia?, dice la protagonista de Código 46. Al inicio de la película me vino a la cabeza lo que dice el fotógrafo Raymond Depardon: cuando tengo interés en una mujer me gusta invitarla a un viaje. La misma protagonista dice que le pasa algo frente a una piel con pecas: la piel con pecas es como vestida y desnuda. La última frase de la película es: Te extraño. Condenada a mantener sus recuerdos mientras a los más afortunados se los extirpan.
Escuchar una respiración. O pensar en escucharla. Mientras el avión alcanza altura y gira para enfilar la ruta. Y el horizonte se inclina.
Dicen que pensar en los sonidos activa las mismas zonas del cerebro que escucharlos.
Me gusta escuchar el aliento de Pau Casals en la grabación de su concierto en la Casa Blanca en 1961. Y también a Keith Jarreth en su Concierto de Colonia. Es la música que sigue a Nani Moretti mientras viaja en su vespa hasta el lugar en que murió Passolini. (Hace poco la escuché en un viaje largo en coche, cruzando una llanura en la que el termómetro marcaba 36º y en la que no había otra cosa que hacer más que conducir y escuchar la música y la respiración).
¿Un virus de la empatía funciona a larga distancia?, dice la protagonista de Código 46. Al inicio de la película me vino a la cabeza lo que dice el fotógrafo Raymond Depardon: cuando tengo interés en una mujer me gusta invitarla a un viaje. La misma protagonista dice que le pasa algo frente a una piel con pecas: la piel con pecas es como vestida y desnuda. La última frase de la película es: Te extraño. Condenada a mantener sus recuerdos mientras a los más afortunados se los extirpan.
Escuchar una respiración. O pensar en escucharla. Mientras el avión alcanza altura y gira para enfilar la ruta. Y el horizonte se inclina.
Dicen que pensar en los sonidos activa las mismas zonas del cerebro que escucharlos.
16 de septiembre de 2009
No lo sé
Hace unas semanas que escucho los Últimos Cuartetos de Beethoven, en una interpretación del cuarteto Lasalle. Intento saber en que dirección avanza mi emoción al escucharlos y aún no lo sé. Pero quería escribir aquí lo que sí identifico.
Lo primero es que no tengo el oído acostumbrado a esta música. No deja tregua.
Lo segundo es que me parece una música dura. Lo que no le quita ningún interés.
Lo tercero es que me doy cuenta de que no vale, no basta, con intentar saber si me gusta o no me gusta. Mejor dicho, esta música no se adapta a estas categorías. (Tampoco podría decir fácilmente si me gusta o no).
Lo cuarto es que la escucho durante varias horas seguidas, sin querer separarme de ella.
Lo primero es que no tengo el oído acostumbrado a esta música. No deja tregua.
Lo segundo es que me parece una música dura. Lo que no le quita ningún interés.
Lo tercero es que me doy cuenta de que no vale, no basta, con intentar saber si me gusta o no me gusta. Mejor dicho, esta música no se adapta a estas categorías. (Tampoco podría decir fácilmente si me gusta o no).
Lo cuarto es que la escucho durante varias horas seguidas, sin querer separarme de ella.
Es posible que sea una continuación
Una conversación sobre alguno de los muchos tipos de soledades que pueden surgir cuando uno no está solo. También sobre la dificultad de dormir a tu hijo pequeño.
Casi ese mismo día, me regalaron varios discos en los que había grabados quince películas que no había visto.
Hoy elegí una al azar. Revolutionary road, de Sam Mendes.
No sé explicar por qué siento una cosa como continuación de la otra.
Casi ese mismo día, me regalaron varios discos en los que había grabados quince películas que no había visto.
Hoy elegí una al azar. Revolutionary road, de Sam Mendes.
No sé explicar por qué siento una cosa como continuación de la otra.
3 de septiembre de 2009

Toda la tarde, también estos últimos días, viendo y editanto fotos. Como siempre llevo "retraso", estoy trabajando con imágenes de hace tres y cuatro años. Hay momentos difíciles, otros muy intensos. Muchos presentes entrecruzándose, un diálogo a varias voces.
Y me acordé de un texto de Raymond Carver:
Cada poema que he escrito fue un momento único (...) Cuando veo uno estoy viendo la radiografía de mi mente en ese momento. Leyendo ahora estos poemas, tengo la sensación de estar ante un mapa aproximativo pero auténtico de mi pasado. Me ayudan a hilvanar mi vida, a percibir su continuidad. Y me gusta la idea.
29 de agosto de 2009
No comprender
No comprender, y aún así necesitar comunicar algo de esa experiencia.
En el último libro de Amos Oz, uno de los protagonistas, cansado al final de su vida de no entender a quienes le rodean, ni a él mismo, copia (como un bálsamo) fragmentos de una guía sobre aves. Y hablando de la migración dice:
Mattheus llamó a esto "navegación sin sentido", y no porque, en su opinión, tenga algún valor biológico, sino porque desconocemos completamente su función.
Entonces me acordé del libro de Gao Xingjiang, La montaña del alma. En la última página, la número 651, el autor escribe:
Sólo cae la nieve.
En ese instante, no sé dónde está mi cuerpo, no sé de dónde sale este pedazo de tierra del paraíso. Escruto los alrededores.
No sé que no no comprendo nada, creo que aún lo comprendo todo.
Las cosas suceden detrás de mí. Siempre hay un ojo extraño. Lo mejor es aparentar que se comprende.
Aparentar que se comprende, pero de hecho no comprender nada.
En realidad, no comprendo nada, pura y simplemente nada.
Así es.
En el último libro de Amos Oz, uno de los protagonistas, cansado al final de su vida de no entender a quienes le rodean, ni a él mismo, copia (como un bálsamo) fragmentos de una guía sobre aves. Y hablando de la migración dice:
Mattheus llamó a esto "navegación sin sentido", y no porque, en su opinión, tenga algún valor biológico, sino porque desconocemos completamente su función.
Entonces me acordé del libro de Gao Xingjiang, La montaña del alma. En la última página, la número 651, el autor escribe:
Sólo cae la nieve.
En ese instante, no sé dónde está mi cuerpo, no sé de dónde sale este pedazo de tierra del paraíso. Escruto los alrededores.
No sé que no no comprendo nada, creo que aún lo comprendo todo.
Las cosas suceden detrás de mí. Siempre hay un ojo extraño. Lo mejor es aparentar que se comprende.
Aparentar que se comprende, pero de hecho no comprender nada.
En realidad, no comprendo nada, pura y simplemente nada.
Así es.
Antenas
Un amigo me envía un texto del libro de Adam Zagajewski, Antenas, porque le pareció que había alguna relación con los viajes en compañía de la música de Mikel Laboa. Me gustaría anotarlo aquí:
La música que escuchaba contigo
en casa o en el coche
o incluso durante un paseo
no siempre sonaba tan pura
como quisieran los afinadores de pianos;
a veces se inmiscuían voces
llenas de pánico, de dolor,
y entonces aquella música
era mucho más que música
era nuestro vivir
y nuestro morir
La música que escuchaba contigo
en casa o en el coche
o incluso durante un paseo
no siempre sonaba tan pura
como quisieran los afinadores de pianos;
a veces se inmiscuían voces
llenas de pánico, de dolor,
y entonces aquella música
era mucho más que música
era nuestro vivir
y nuestro morir
14 de agosto de 2009
Captain Cohen
Capitán Cohen !: escucharle ha sido un placer. Apetece decir eso.
Concierto de Leonard Cohen en Vigo. No hubiera ido si no me hubieran invitado e insistido en que podría estar bien.
Tres horas de concierto. Un hombre mayor, 74 años, envuelto en una energía serena y alegre. Un monje zen al que sus acompañantes le reconocen una autoridad que él parece no necesitar. Y un conjunto de seis instrumentistas más tres voces. Diez personas sobre el escenario. Cada músico un virtuoso concentrado en lo que está haciendo. Y cada vez que él no canta, escucha con atención la música que hace el resto del grupo. Cuando hay un solo de alguien, clava en él toda su mirada y se saca el sombrero en señal de agradecimiento.
Una profunda sensación de agradecimiento a cada momento. En todas direcciones. Un escenario envuelto en una calma que no recuerdo haber visto. Sobrecogedora en muchos instantes. Las luces, el sonido, la lentitud o la rapidez. Magistral. Un encuentro con alguien que había abandonado los escenarios pero no la música. Entre las diez y la una de la noche, una noche de verano cerca del mar. Uniformados casi todos con un sombrero pequeño y negro. Casi todos de negro. Silenciosos, sin ninguna estridencia, sin bromas estúpidas, sin alzar la voz. Cantaban para nosotros. Hasta el final, hasta la despedida. Good night, darlings.
Antes del concierto compré un libro que empieza así:
Un hombre se levanta y se va a otro lugar. Lo que el hombre deja detrás de él permanece detrás observándole.
Concierto de Leonard Cohen en Vigo. No hubiera ido si no me hubieran invitado e insistido en que podría estar bien.
Tres horas de concierto. Un hombre mayor, 74 años, envuelto en una energía serena y alegre. Un monje zen al que sus acompañantes le reconocen una autoridad que él parece no necesitar. Y un conjunto de seis instrumentistas más tres voces. Diez personas sobre el escenario. Cada músico un virtuoso concentrado en lo que está haciendo. Y cada vez que él no canta, escucha con atención la música que hace el resto del grupo. Cuando hay un solo de alguien, clava en él toda su mirada y se saca el sombrero en señal de agradecimiento.
Una profunda sensación de agradecimiento a cada momento. En todas direcciones. Un escenario envuelto en una calma que no recuerdo haber visto. Sobrecogedora en muchos instantes. Las luces, el sonido, la lentitud o la rapidez. Magistral. Un encuentro con alguien que había abandonado los escenarios pero no la música. Entre las diez y la una de la noche, una noche de verano cerca del mar. Uniformados casi todos con un sombrero pequeño y negro. Casi todos de negro. Silenciosos, sin ninguna estridencia, sin bromas estúpidas, sin alzar la voz. Cantaban para nosotros. Hasta el final, hasta la despedida. Good night, darlings.
Antes del concierto compré un libro que empieza así:
Un hombre se levanta y se va a otro lugar. Lo que el hombre deja detrás de él permanece detrás observándole.
7 de agosto de 2009
Anotaciones pasadas
Durante el tiempo en que no escribí en el blog, anotaba algunas cosas en la libreta con la intención de pasarla luego al blog. El 15 de mayo murió Carlos Castilla del Pino y al día siguiente copié unas frases del artículo que el periódico le dedicó:
Castilla del Pino hizo suyas las palabras de Goethe ("llega a ser el que eres") y defendió la tarea de descubrir quién se es y tener el valor de serlo: "Ese es el éxito en la vida", dijo.
No he conocido a nadie tan implacable en sus análisis y con tanto gusto por vivir. Asistí a dos de sus cursos y el tercero y final de esa serie se suspendió por su mal estado de salud. Meses después murió. Contaba que le gustaba conducir su coche mientras dirigía la música que sonaba en el cedé.
Creo que tampoco he conocido a nadie que defendiese con tanta intensidad su privacidad y su espacio. "Echar la tranca" de la casa a la noche, arroparse en la biblioteca (sin ventanas), caminar por el patio interior.
Castilla del Pino hizo suyas las palabras de Goethe ("llega a ser el que eres") y defendió la tarea de descubrir quién se es y tener el valor de serlo: "Ese es el éxito en la vida", dijo.
No he conocido a nadie tan implacable en sus análisis y con tanto gusto por vivir. Asistí a dos de sus cursos y el tercero y final de esa serie se suspendió por su mal estado de salud. Meses después murió. Contaba que le gustaba conducir su coche mientras dirigía la música que sonaba en el cedé.
Creo que tampoco he conocido a nadie que defendiese con tanta intensidad su privacidad y su espacio. "Echar la tranca" de la casa a la noche, arroparse en la biblioteca (sin ventanas), caminar por el patio interior.
2 de agosto de 2009
Mikel Laboa y el desierto
A veces una música se une a un lugar de una manera inexplicable. Nada tenían que ver, pero se encontraron.
Durante varios días crucé una carretera del desierto escuchando en el coche las canciones de Mikel Laboa. No conozco otra voz igual. Una y otra vez el cedé volvía a empezar y aquella música empapaba no sé que parte de la memoria, de una manera parecida a como el sabor del vino inunda la boca.
Hace poco más de un año, en otro viaje en coche, escuché la noticia de que Mikel Laboa había muerto. Recuerdo que paré y pensé en cómo había conocido su música. Estos días, la persona que me lo dió a conocer acaba de tener su primer hijo, aunque ya somos dos desconocidos. Así son sus canciones.
Conduciendo despacio, con el aire acondicionado puesto, en medio de un calor tórrido que parecía derretir el asfalto, había una voz que ayudaba a escuchar otras voces. Es una música a la que le tengo agradecimiento.
Durante varios días crucé una carretera del desierto escuchando en el coche las canciones de Mikel Laboa. No conozco otra voz igual. Una y otra vez el cedé volvía a empezar y aquella música empapaba no sé que parte de la memoria, de una manera parecida a como el sabor del vino inunda la boca.
Hace poco más de un año, en otro viaje en coche, escuché la noticia de que Mikel Laboa había muerto. Recuerdo que paré y pensé en cómo había conocido su música. Estos días, la persona que me lo dió a conocer acaba de tener su primer hijo, aunque ya somos dos desconocidos. Así son sus canciones.
Conduciendo despacio, con el aire acondicionado puesto, en medio de un calor tórrido que parecía derretir el asfalto, había una voz que ayudaba a escuchar otras voces. Es una música a la que le tengo agradecimiento.
82 días
Ochenta y dos días sin escribir en el blog, y nunca tuve la sensación de que estuviese cerrado. Echo de menos acercarme a él y hace días que buscaba el momento para continuar, lo que ocurre es que tal vez esperaba un reinicio "especial", un tema (no sé cual) con el que dar un pequeño golpe de efecto tras el silencio. Pero nada de eso ocurrió.
Soy un experto en trabajos de todo tipo sin terminar. Suelo detenerme bajo una razón que en ese instante me parece poderosa y convincente. Entonces quedo a la espera de algo que sucederá, no se sabe bien el qué, y ese tiempo se va alargando hasta producir una especie de aletargamiento que, como el de los bichos en su cueva, aconseja esperar un cambio de estación (y de trabajo).
En la vuelta al blog me apetece escribir sobre temas que no tienen que ver con la música escuchada por lo general en una sala de conciertos, esta es una percepción con la que ya llevo tiempo y que me hizo callarme en algunas ocasiones. Los sonidos y el ritmo, la percepción y la escucha surgen en cualquier lugar, y hay encuentros inesperados o planificados, pero encuentros, que me gustaría nombrar.
Soy un experto en trabajos de todo tipo sin terminar. Suelo detenerme bajo una razón que en ese instante me parece poderosa y convincente. Entonces quedo a la espera de algo que sucederá, no se sabe bien el qué, y ese tiempo se va alargando hasta producir una especie de aletargamiento que, como el de los bichos en su cueva, aconseja esperar un cambio de estación (y de trabajo).
En la vuelta al blog me apetece escribir sobre temas que no tienen que ver con la música escuchada por lo general en una sala de conciertos, esta es una percepción con la que ya llevo tiempo y que me hizo callarme en algunas ocasiones. Los sonidos y el ritmo, la percepción y la escucha surgen en cualquier lugar, y hay encuentros inesperados o planificados, pero encuentros, que me gustaría nombrar.
11 de mayo de 2009
Solaris
Me gusta moverme por el lugar que ocupaba hace solo un instante, para seguir su rastro y saber a que huele. Escucho la música de Cliff Martínez para la película Solaris, de Steven Soderbergh. El interior de una nave girando en la ingravidez. En la calle están los ruidos de la noche y pasa algún coche. Amos Oz ha vuelto y con él una escritura dura como el diamante. Y luminosa. En algún lugar, la nave se interna por un pasadizo estrecho hacia algo desconocido, aceptando el extravío del viaje. Pienso en el Solaris de Andrei Tarkovsky, y en que hay una casa en mitad de un páramo, que cada vez que la veo recuerdo la casa en llamas de su película Sacrificio. Un diamante que recorta las palabras en un vidrio.
10 de mayo de 2009
Viaje de invierno
En otra ciudad, con ganas de escuchar a Bárbara Hendricks cantar las canciones de Viaje de Invierno, de Schubert.
Viendo una exposición sobre la sombra en el arte, anoté una frase de un autor que no conozco: estar en concordancia con el ser no significa estar en un estado de perfección.
Intentando reconocer superficies semejantes a la voz.
Viendo una exposición sobre la sombra en el arte, anoté una frase de un autor que no conozco: estar en concordancia con el ser no significa estar en un estado de perfección.
Intentando reconocer superficies semejantes a la voz.
4 de mayo de 2009
Encuentros
Al final de la película amoresperros, antes de los créditos, hay una frase: somos también lo que hemos perdido. La ví hace un par de días.
Y hoy encontré una fotocopia, entre otros papeles, con esta carta de Antoine de Saint-Exupéry. Hace años que la tenía guardada (y perdida). De repente me apeteció copiarla aquí.
Societe Anonyme des Grands Cafes de Toulouse
15, Place Wilson
Toulouse, el 22 - 10 - 1926
Mi vieja Rinette,
Te escribo para que no me acuses de olvido: palabra heróica (tengo los dedos helados y cantidades de tazas de café no han conseguido hacerme entrar en calor).
Esperaba salir de reconocimiento (viaje como pasajero a Casablanca, ida y vuelta), estoy recibiendo aviones nuevos. Soy muy feliz. Pero es mucha la soledad que sufro en este país. Ten la amabilidad de escribirme - no será lo mismo que pasar la velada en la calle Saint Guillaume pero también me hará muy feliz.
Hace un tiempo lamentable. Esta tarde he probado un avión nuevo durante una hora, bajo una lluvia torrencial y a cien metros del suelo. No te hubiera encantado la aviación. Se parecía más a un baño.
Eres una amiga encantadora pero yo no sé decir estas cosas. Solamente sé pensarlas.
Antoine
13, calle Alsaca-Lorraine, Toulouse
Y hoy encontré una fotocopia, entre otros papeles, con esta carta de Antoine de Saint-Exupéry. Hace años que la tenía guardada (y perdida). De repente me apeteció copiarla aquí.
Societe Anonyme des Grands Cafes de Toulouse
15, Place Wilson
Toulouse, el 22 - 10 - 1926
Mi vieja Rinette,
Te escribo para que no me acuses de olvido: palabra heróica (tengo los dedos helados y cantidades de tazas de café no han conseguido hacerme entrar en calor).
Esperaba salir de reconocimiento (viaje como pasajero a Casablanca, ida y vuelta), estoy recibiendo aviones nuevos. Soy muy feliz. Pero es mucha la soledad que sufro en este país. Ten la amabilidad de escribirme - no será lo mismo que pasar la velada en la calle Saint Guillaume pero también me hará muy feliz.
Hace un tiempo lamentable. Esta tarde he probado un avión nuevo durante una hora, bajo una lluvia torrencial y a cien metros del suelo. No te hubiera encantado la aviación. Se parecía más a un baño.
Eres una amiga encantadora pero yo no sé decir estas cosas. Solamente sé pensarlas.
Antoine
13, calle Alsaca-Lorraine, Toulouse
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